Salonnieres, kafeak, museoak eta lizeoak

XVII eta XVIII.mendeetan, noblezia eta burgesia altuaren emakumeek euren luxuzko etxeetako (edota Pariseko hotel edo jauregi) saloietan, tertulia kulturalak antolatzen zituzten. Bertan zientzia, letrak, arteak, ideia berri eta politikari buruz eztabaidatzen zuten. Hona hemen bi testu oso esanguratsu emakume hauei buruz:

Corría el siglo XVIII. Por entonces, los salones habían perdido parte de su calidad de centros pedagógicos transmisores del saber y de galanterie, que los había caracterizado en el momento álgido de este singular espacio cultural europeo, durante la segunda mitad del siglo precedente. En el llamado Siglo de las Luces los salones «se convierten en cajas de resonancia para los autores, para los artistas y para las obras» (Claude Dulong, 1992, 447). Así, las anfitrionas solían consagrar un día a sus insignes invitados: madame d’Épinay (1726 1783) recibía a Diderot; madame de Tencin (1681 1749) promovía el Esprit des lois de su protegido Montesquieu; Buffon frecuentaba las reuniones de madame Necker (1739 1794), donde debía departir animosamente con su joven e inteligente hija Germaine, antes de que ésta se convirtiera en madame de Staël (1766 1817). El ingenio de Voltaire no sólo se dejó oír en casa de la marquesa de Châtelet; el filósofo y escritor frecuentó asimismo la conversación de la insomne y ciega madame du Deffand (1697 1780), cuyas necesarias siestas durante el día permitieron a madame de Lespinasse (1732 1776) tener su propia congregación alrededor de ella y de D’Alembert, convirtiéndose, junto con madame Geoffrin (1699-1777), en una de las mayores impulsoras de los enciclopedistas. Esta última cuenta Guyot administraba su salón como una propiedad:

«El lunes era el día de los artistas, Bouchardon, van Loo, Latour, Vernet, Soufflot. El miércoles, [Mme. Geoffrin] recibía a los literatos, a los filósofos, a los sabios, a los extranjeros: Fontenelle, Montesquieu, Voltaire, Marivaux, Diderot, D’Alembert, Grimm, Hume. Los grandes señores tenían sus cenas particulares.» (Guyot, 1923a, 384)”

Arratsaldeko 5etan, hainbat Kafetegi burgesez betetzen dira, kafe batekin, edota Malagako ardo batekin azkeneko berriak eztabaidatzeko. (Au temps de la R.F. Hachette, Paris 1987)
Arratsaldeko bostetan, hainbat kafetegi burgesez betetzen ziren, kafe batekin, edota Malagako ardo batekin azkeneko berriak eztabaidatzeko.
(Au temps de la R.F. Hachette, Paris 1987)

En el transcurso del siglo XVIII, además, surgen unos nuevos espacios sociales y culturales con los que las salonniéres tendrán que competir: se trata de los cafés, los musées y los lycées (estos dos últimos funcionaban a modo de club privado). En ellos se reunirán aquellos aspirantes a escritores que no han conseguido penetrar en las esferas privilegiadas; cumplirán, por tanto, un cometido anti institucional, en contra de los salones y de las academias. Congregado en los cafés de los bulevares, este proletariado de la literatura practicaba «una mordaz crítica social, sazonada por el escándalo y la pornografia» (Landes, 1988, 55); y, si bien es cierto que, en contraste con los salones a los que no se podía asistir sin invitación y/o recomendación-, estos lugares se encontraban a un paso de la calle, accesibles «para todo el mundo», sin embargo, es igualmente cierto que eran espacios mayoritariamente masculinos, y además, muy misóginos.

TORRAS, M. (2001): Tomando cartas en el asunto. Sargadiana. Zaragoza.


Dokumentuak / 2. Gaia
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